miércoles, 2 de septiembre de 2009


Tengo un innato mecanismo de defensa, ausente de transparencia que se ve acorralado por un sistema de violencia donde entre líneas salta la insuficiencia de igualdad. Y subraya con sangre esa cancerígena dependencia de tener que transitar con sudor la realidad que se nos hace totalmente ajena... lejana... distante. Y así seguimos adelante, caminando indiferentes con los ojos vacíos, el cerebro derretido, y la débil sospecha de que hace
tiempo nos consumen impunes la esencia, la inocencia, la dignidad
y la posibilidad de abrazar la coherencia con plena conciencia. Dejando atrás la agonía de tener que camuflarse en estereotipos coleccionables para soportar la tormenta de información distorsionada y publicidad saturada de mentiras implacables que no aplacan ni el dolor ni la rabia de sentirnos bombardeados

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